Fue un milagro a mediados del siglo XIII, cuando el Papa Urbano IV, instituyó esta fiesta que se celebra todos los domingos posteriores a la Santísima Trinidad.

En el año 1263, el Padre Pedro de Praga tuvo dudas sobre el momento real de la transubstanciación durante la Eucaristía. Tanto fue, que peregrinó hasta Roma, para suplicar sobre la tumba de San Pedro claridad y una gracia de fe. Cuando volvió y mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, donde yace el cuerpo de santa Cristina, la hostia derramó sangre durante la consagración. El sacerdote tomó el corporal y éste quedó manchado con la preciosa sangre de Cristo. Aquel acontecimiento fue la señal de fe que Pedro de Praga necesitaba.

El Papa Urbano IV, quien se encontraba muy cerca de Orvieto, oyó de este milagro y solicitó que le trajeran el corporal e inmediatamente se arrodilló ante el milagro y luego lo mostró a la población. Al año siguiente, el Sumo Pontífice, mediante la bula “Transiturus” declaró la solemnidad del Corpus Christi. Actualmente, la santa reliquia se encuentra en la Catedral de Orvieto, en una capilla especial para ella. Junto a ello, todos los años, el corporal sale en procesión durante esta solemnidad.

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